Elegir dónde construir es una de las decisiones de inversión con más consecuencias para cualquier promotor de centros de datos.
Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la inversión global en centros de datos casi se ha duplicado desde 2022 y alcanzó unos 500.000 millones de dólares en 2024. A medida que las organizaciones amplían la infraestructura necesaria para sostener la inteligencia artificial (IA), la computación en la nube y los servicios digitales, incluso un pequeño retraso o un riesgo imprevisto puede tener consecuencias financieras importantes.
Antes de invertir millones en un nuevo centro de datos, ¿hasta qué punto conoces los riesgos que pueden afectar al éxito de la inversión?
El entorno de inversión ha cambiado
Una ubicación puede cumplir todos los requisitos técnicos y, aun así, acabar siendo una mala inversión si no se entiende bien el entorno que rodea al proyecto antes de comprometer el capital.
El reto es identificar y abordar los riesgos que pueden reducirse antes de realizar grandes inversiones, sabiendo que nunca desaparecen del todo."
La energía, el agua y la capacidad de la red siguen siendo fundamentales, pero no es lo único. Un proyecto puede asegurar el terreno y completar los estudios técnicos y, aun así, quedar detenido porque una aprobación urbanística tarda más de lo previsto o porque surgen preocupaciones en la comunidad cuando la inversión ya está comprometida.
"La estabilidad de la infraestructura que alimenta el centro de datos es probablemente lo más importante", explica Juanita Johnson, analista senior de Inteligencia de Riesgos de Securitas.
La infraestructura sigue siendo la base de cualquier proyecto. Pero también es necesario entender cómo las decisiones tomadas fuera del propio proyecto pueden afectar a su capacidad de avanzar.
Cuando se dan las condiciones adecuadas, los proyectos pueden avanzar con eficiencia desde la planificación hasta la construcción. Cuando no, las organizaciones pueden descubrir que hacen falta mejoras adicionales en la red o que las aprobaciones clave tardarán mucho más de lo previsto.
Cada retraso alarga el tiempo que tarda la inversión en empezar a generar valor.
Entender el riesgo en su conjunto
Evaluar la viabilidad de un proyecto a largo plazo exige algo más que analizar las condiciones actuales. También requiere entender hacia dónde evoluciona una ubicación.
Un emplazamiento que resulta atractivo durante la evaluación puede presentar un panorama muy distinto unos años después.
"No estamos haciendo una foto de cómo es un lugar hoy. Analizamos su contexto, las tendencias actuales y cómo puede evolucionar en los próximos tres a cinco años", explica Johnson.
El reto es que ninguna fuente aporta por sí sola esa perspectiva. Los ingenieros pueden confirmar si hay energía suficiente. Los equipos legales se centran en las aprobaciones y los permisos. Los especialistas en comunidades conocen si las preocupaciones locales empiezan a ganar fuerza. Cada uno aporta información valiosa, pero ninguna de estas perspectivas por separado explica cómo pueden influirse entre sí.
Al combinar estas perspectivas aparecen riesgos interconectados que pueden pasar desapercibidos cuando cada equipo trabaja por separado.
La inteligencia de riesgos permite incorporar ese contexto y entender mejor qué puede cambiar antes de comprometer el capital.
Convertir la inteligencia en mejores decisiones de inversión
Recopilar información es solo una parte del reto. Quienes toman las decisiones también necesitan entender cómo cuestiones aparentemente inconexas pueden influirse entre sí.
Un emplazamiento puede parecer de bajo riesgo cuando se analiza cada cuestión por separado y ofrecer una imagen muy distinta cuando se observa el contexto en su conjunto.
La inteligencia de riesgos ayuda a las organizaciones a responder a las preguntas que más importan antes de que las decisiones de inversión sean difíciles de revertir.
Inteligencia de localización
¿Seguirá siendo esta ubicación una buena inversión dentro de cinco años?
Analiza si el entorno de la ubicación puede sostener el proyecto y su crecimiento a largo plazo.
Evaluación de riesgos de infraestructuras
¿Estará preparada la infraestructura cuando el proyecto la necesite?
Analiza si la infraestructura de la zona puede afectar al calendario del proyecto o a su capacidad para operar a largo plazo.
Análisis regulatorio y geopolítico
¿Qué cambios políticos o regulatorios podrían afectar al proyecto?
Identifica cambios políticos, regulatorios y geopolíticos que puedan afectar al proyecto, sus plazos o su viabilidad a largo plazo.
Evaluación de los grupos de interés
¿Cómo puede reaccionar la comunidad local ante el proyecto?
Ayuda a entender las preocupaciones locales antes de que puedan convertirse en una oposición y afectar al desarrollo del proyecto.
Planificación de escenarios
¿Qué pasaría con el proyecto si cambiasen las condiciones?
Analiza posibles escenarios futuros para valorar alternativas antes de tomar decisiones difíciles de cambiar.
Cuando juntamos y analizamos toda esta información, podemos tener una visión más clara del riesgo y tomar decisiones antes de comprometer la inversión. Por ejemplo, si una ubicación empieza a presentar problemas o una mejora de la red se retrasa, todavía habrá margen para cambiar el plan y evitar que el retraso termine suponiendo un coste mayor.
Las decisiones más importantes se toman antes de construir
Todo proyecto de centro de datos está condicionado por decisiones tomadas mucho antes de que empiece la construcción: dónde construir, cuándo invertir y qué incertidumbres merecen más atención antes de comprometer un capital importante.
El éxito de un proyecto no depende únicamente de lo que ocurre durante la construcción. También se define por las decisiones anteriores, cuando todavía existe margen para adaptar el proyecto en lugar de reaccionar ante unas condiciones ya consolidadas.
Las decisiones más importantes sobre un centro de datos se toman mucho antes de que entre la primera máquina en la obra.
Nuestro servicio de inteligencia de riesgos para empresas aporta la inteligencia necesaria para evaluar el riesgo de una inversión, valorar las condiciones operativas futuras y tomar decisiones informadas con confianza mientras las opciones estratégicas siguen abiertas.